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27 No se puede dar marcha atrás al reloj, pero sí se le puede dar cuerda nuevamente.   por   puntoedu
 
 
DaniloAlberoVergara 2/19/2018 | 08:36:20 a.m.  
 
Diégesis y Maestrías
Danilo Albero Vergara, escritor argentino
Tags:
  literatura   literatura latinoamericana   Danilo Albero Vergara   escritores argentinos   narrativa argentina   relatos   ensayos literarios   novelas
 

Pensándolo bien, un título más apropiado habría sido: "Diégesis y maestrías en escritura creativa" o "Diégesis y talleres literarios"; me parecieron demasiado explícitos.

A partir de mi primera y única experiencia, los talleres literarios me dan repelús, hace añares, cuando andaba a la búsqueda de un editor para mi primer libro, uno de ellos me aconsejó buscar un taller literario. Recalé en lo de un afamado escritor de cuyo nombre no pienso acordarme. La primera lección que aprendí de aquel consejo -los brasileños le llaman a este tipo de recomendaciones favorzinho de merda- la resumí en el punto 3 de Consejos de escritores 1: El primer enemigo -mejor predador- del escritor es el editor. No obstante, como cualquier racista que proclama a los cuatro vientos "tengo un amigo negro" -perdón, "afroamericano"-, tengo un par de buenos amigos editores.

De aquellos años de experiencia en lo que resultó ser, más que un taller literario, un taller de arte dramático, rescaté algunas experiencias que, por lo que he observando y cotejado con otros que pasaron por ordalías iniciáticas semejantes, se repiten con la inexorabilidad de la Primera Ley de Newton. La más importante de ellas es que, casi siempre, los talleres sirven para oir la voz y sentencia inapelable del dómine y, además, para escuchar, comentar y alabar los textos que éste escribe.

No obstante mi etapa de tallerista fue productiva, escribí dos textos que fueron alabados y publicados. El primero: la descripción de un cuadro de Paolo Ucello para mi dómine, unas 75 líneas en cuerpo 12 en formato A 4. Ese texto, sin correcciones, fue incluido como propio en una novela que estaba escribiendo -la écfrasis no era su fuerte- y que fue publicada tres años más tarde.

El segundo trabajo alabado y publicado fue para una colega escritora de mi dómine. Ella le pidió ayuda porque no podía con la descripción de un paisaje del Paraná de las Palmas, donde solía navegar con su pareja, que pretendía incluir en una novela donde estaba trabada -la écfrasis no es su fuerte-. Tuvimos una entrevista donde me planteó lo que necesitaba, previo aclararme que, pese a tener un velero y un caballo de silla -era fanática de la equitación-, no me podía pagar por mi trabajo. Consulté unas cartas náuticas y un par de libros en la Biblioteca del Círculo Naval y le escribí una descripción de unas 75 líneas en cuerpo 12 en formato A 4 del paisaje deseado. El texto, con ligeras correcciones, fue incluido como propio en la novela y publicado 18 meses después.

Pese a estas vivencias yo también di mi mal paso, durante un par de años tuve talleres literarios y dicté un seminario de 30 horas para la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia. En ella, se dictaban cuatro especialidades: poesía, teatro -o guión de radionovela-, cuento y novela. La tesina final era la escritura de un trabajo en la especialidad elegida, que sería publicado por una editorial elegida por la universidad y distribuido en el circuito de librerías. Ignoro como funcionarán otras maestrías.

Hace poco, navegando por la web, descubrí otra maestría, ahora en los Estados Unidos, que se ofrecía a los incautos para cursar por Internet. De ella reproduzco la clasificación de géneros literarios en prosa con una breve prolepsis: no aparecen los fatigados géneros de Bildungsroman (novela de aprendizaje i.e.: Don Segundo Sombra y Huckleberry Finn) ni Künstlerroman (novela de artista i.e. Martin Eden y La boca del caballo).

Los géneros literarios definidos en el programa de esta Maestría de Escritura Creativa a distancia son: 1 Novela de aventura; 2 Novela biográfica -no es muy clara-, mezcla de documentación histórica con personajes ficticios; 3 Ficción biográfica -semejante a 2 pero el protagonista existió-; 4 Biografía ficcional -se confunde con 3-; 5 Novela gótica -excluye a Batman que vive en Ciudad Gótica-, 6 Novela de terror; 7 Novela de misterio; 8 Novela policial; 9 Ciencia ficción; 10 Thriller; 11 Tecno Thriller -semejante a 10, pero con mucha tecnología-; 12 Novela sicológica, 13 Roman à clef o novela en clave; 14 Non fiction novel -prefiero este término a nuestro poco preciso novela testimonio-; 15 Lo comentaré en el próximo párrafo; 16 Novela juvenil; 17 Novela romántica; 18 Novela erótica -semejante a 17 pero con mucho “dunga, dunga” explícito-.

A esta algo disparatada lista le dedico una reflexión al género 15- Ethnic Fiction (¿ficción étnica?). Se trata de "Cuentos o novelas cuyos protagonistas principales son negros, nativos americanos, judíos, indios de los Apalaches o miembros de otro grupo cultural específico. La Ethnic Fiction aborda el conflicto de un protagonista atrapado entre dos maneras de vivir conflictivas, una de ellas, el maistream de la cultura norteamericana".

Me quedé pensando, El padrino (The Godfather) es a todas luces y en una primera clasificación una novela de Ethnic Fiction. La historia de oprimidas familias de inmigrantes sicilianos en Nueva York que, acosados por policías de origen irlandés, usan códigos y prácticas de la mafia siciliana, para defenderse y progresar en la vida, atropellando en su paso a otras familias sicilianas y negros.

Otro tanto pasará con El mercader de Venecia, ahora es un mercader judío quien, para vengarse de las vejaciones, le hace un préstamo a condiciones más que usurarias a un próspero comerciante veneciano.

Me queda un tercer ejemplo, ahora acompañado por la historia del exterminio de Troya y la masacre y esclavitud de los sobrevivientes. Todo, para vengar a un cornudo rey aqueo.

A riesgo de que me crucifiquen por machista, la única novela que leí de un egresado de un Taller de Escritura Creativa fue The Joy Luck Club (El club de la buena estrella) de Amy Tan, libro que me vi obligado a surcar en un curso de inglés; prometí no volver a incurrir en la autora.

Amy Tan estuvo, invitada por la editorial que publica sus novelas, en alguna Feria del Libro en Buenos Aires. De puro masoquista, la fui a escuchar; pese a que escribe en inglés -y es su lengua cotidiana- habló en chino, y el escritor que dialogó con ella debió hacerlo con la ayuda una intérprete. Amy Tan vino a Buenos Aires a trabajar de china.

Busqué por internet y no vi ningún registro del paso de Amy Tan por Buenos Aires. El sitio web de la Feria del Libro no es muy eficiente.

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